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Susana Boechat: Antología de la poesía argentina y ”Juana siempre Juana”





Ha salido publicado el volumen XIIX de la Poesía Argentina Contemporanea que publica la Fundación Argentina para la Poesía.

Entre los escritores cuya poesía abarca el libro se encuentra Susana Boechat al lado de importantes poetas de argentinos contemporáneos. Amas de esta publicación, que se presentó el 9/5/11 en la Sala Roberto Arlt de la Feria del Libro, Susana presentará su nuevo libro de ensayo, "Juana siempre Juana", sobre la Vida y Obra de Juana de Ibarbourou.



Hija de padres españoles, Juana de Ibarbourou nació el 8 de marzo de 1892, en la ciudad de Melo, Cerro Largo, Uruguay.
Proclamada en el Palacio Legislativo de Uruguay como 'Juana de América', es considerada una de las figuras literarias más importantes de la poesía uruguaya y de latinoamérica.
Su verdadero nombre era Juana Fernández Morales, pero al contraer nupcias con el capitán Lucas de Ibarbourou, ella cambió su nombre a Juana de Ibarbourou, como seudónimo para sus obras.
Vivió por mucho tiempo en la capital de Montevideo, ahí publicó sus primeros poemas en el periódico 'La Razón'; posteriormente incursionó en algunos poemarios marcados por el modernismo como 'Lenguas de diamante', 'El cántaro fresco' y 'Raíz salvaje'.
Para los estudiosos de su obra, su poesía radica principalmente en la exaltación sentimental de la entrega amorosa, la maternidad, la belleza física y de la naturaleza, imprimiendo en ellas un erotismo característico.
Para la década de los 30, la poeta comenzó a experimentar el vanguardismo en tres textos publicados el mismo año, 'Estampas de la Biblia', 'Loores de Nuestra Señora' e 'Innovación a San Isidro'.
Ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Escritores en 1950, en ese mismo año publicó su libro 'Perdida'.
Tres años después en Madrid salieron sus 'Obras completas', al mismo tiempo que lanzó otro libro 'Azor'; posteriormente, en 1955, escribió 'Romance del destino'.
Entre sus reconocimientos está el del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y en 1959 Uruguay otorga por primera vez el Gran Premio Nacional de Literatura, el cual recibió la poeta.
El Banco de Uruguay plasmó su imagen en uno de sus billetes, como un homenaje a las figuras más importantes de la cultura uruguaya.
La poetisa falleció a los 87 años de edad en Montevideo, el 15 de julio de 1979.

Los destinos sagrados - Pablo Freinkel


Pablo Freinkel. Los destinos sagrados. Buenos Aires: Galmort, 2010.

Por Stephen A. Sadow
Profesor titular de literatura latinoamericana
Northeastern University, Boston


Acabo de leer Los destinos sagrados la nueva novela de Pablo Freinkel. La verdad es que la leí de una vez. En una cárcel isleña, una administración militar maltrata a unos presos politicos allí detenidos. Los reclusos están en una situación sin salida, pero con sus sentimentos de humillación y frustración, retienen chispas de esperanza, coraje y solidaridad. La trama se concentra en la relación entre un capitán idealista encarcelado por su apoyo a un gobierno anterior democrático, derrotado por militares rebeldes, y Jules, un mercenario, que se pone al servicio de quienes le pagan. Es una pareja insólita. Ellos conversan, en parte para pasar las horas, y las charlas se convierten en conflicto socrático de valores en el cual uno lentamente convence al otro a cambiar su parecer.

La compresión de la novela es impresionante. Expresa mucho con pocas palabras. La manera de relatar la historia cabe perfectamente en el contenido. El estilo de Freinkel tiene mucho en común con un dibujo a lápiz o tinta, compuesto con trazos breves que insinuán y sugieren. Así, la novela permite varios niveles de interpretación.

Es una historia de dos hombres de muy distintas personalidades, valores (o falta de valores), experiencias y hasta edades, que al principio se desconfían el uno al otro. Sufriendo una compartida situación opresiva y coaccionada, se hacen amigos, y discuten sin parar. Luego, conciben un plan para escaparse. A la vez, se registran incidentes impactantes que conmueven a la cárcel. Hay momentos de rebelión y de represión severa.

Pero hay mucho más. No es difícil interpretar esta historia como una metáfora del Proceso Militar argentino. Los militares se han hecho con el poder de un país democrático. Encarcelaron a sus enemigos. y su control es absoluto. Estos prisioneros fueron desaparecidos dejados caer en el mar--aunque en este caso, una lancha, y no un helicóptero, los lleva a la muerte. En la isla, los militares brutales emplean técnicas medievales para romper el espíritu de sus cautivos y para matarlos.

Además. se puede leer Los destinos sagrados como una historia mítica. El título trata del destino y de lo sagrado. Hombres se mueren trágicamente, a pesar de sus valores y esfuerzos. La acción tiene lugar fuera del tiempo y en un entorno cruel e implacable. Los reclusos forman un coro griego; su deterioro físico y moral actúa como un comentario sobre la suerte del capitán y Jules, los "héroes" del drama. Hay desastre y sobrevivencia. Hay esfuerzos sobrehumanos con que se afrontan obstáculos y barreras virtualmente intransitables.

Debida a su complejidad, Los destinos sagrados de Pablo Freinkel entretiene, provoca al lector y también lo educa.

AMORES CIMARRONES Marcia Collazo Ibáñez

MARCIA COLLAZO IBAÑEZ

Figuran en esta obra seis mujeres de significación en la vida de José Artigas: tres de ellas de su misma sangre – la abuela paterna, la abuela materna y la madre – y tres de sus amores; no los únicos, pero seguramente los principales. Faltan otros nombres, que no han sido incluidos debido a la casi absoluta carencia de documentos y referencias históricas, que hace prácticamente imposible decir algo sobre ellos. Se trata de un obstáculo no menor para una novela histórica, ya que ésta, aunque una trama ficcional, debe contar por la fuerza con algunos asideros fácticos que la hagan posible. Así pues, he dejado fuera de estas páginas a las dos mujeres desconocidas con las que José Artigas tuvo a Pedro Mónico y María Escolástica, respectivamente; a Matilda Borda, la pulpera con la que tuvo a Roberto, y a Clara Gómez, la que habría sido en tierra paraguaya su última pareja, y con la que habría tenido a Simeón.

La importancia de las mujeres en la vida de Artigas fue, sin lugar a dudas, profunda, compleja y perdurable. Para la historia, en cambio – al menos para una historia oficial estructurada desde prácticas discursivas y modos de objetivación que han tendido a ignorar o minimizar a la mujer como sujeto de transformación- parece haber sido prácticamente nula. Sin embargo, ellas han estado ahí. Ellas han presenciado los mismos acontecimientos, han contribuido a crear la urdimbre de sus significados, y según creo, se han hecho inolvidables – cada una a su modo – para el hombre de carne y hueso que en esta novela las une y las convoca.

Durante mucho tiempo me he preguntado, casi con una suerte de obsesión, por la huella de estas mujeres en la vida de Artigas. A través de la investigación histórica encontré algunas respuestas, casi todas indirectas, casi todas desesperadamente escasas; sin embargo el ambiente, la época, las creencias y las costumbres, todo estaba ahí, latiendo y señalando, como un gigantesco rompecabezas desparramado. Faltaba tender los hilos, descubrir las conexiones, las coincidencias, las sincronías del entramado. La creación literaria me permitió imaginar y compaginar el resto, o por mejor decir, intuirlo, dejarlo crecer, y desplegarse en mí, lo mismo que las ramas un árbol. En definitiva, me propuse recrear el alma, la raíz, el sentimiento y también la razón que alentó en estas mujeres, sin mengua del rigor histórico allí donde este debe ser respetado.

Por otra parte, la honda influencia femenina en todos los procesos revolucionarios del continente americano es innegable. Parafraseando a la escritora venezolana Teresa de la Parra, ellas “son las abanderadas de este sentimiento de encono que está pidiendo a gritos una protesta. Como lo demostrarán en la Independencia, bajo su exterior lánguido tienen un alma de fuego lista para todas las exaltaciones, todos los sacrificios y todos los heroísmos […] Las mujeres asisten a los comentarios, a la exposición de nuevas ideas, a todos los gérmenes de revolución que van creciendo a puerta cerrada en las salas y en los patios de las casas principales. Allí, en la tertulia ellas fustigan a los hombres con sus observaciones personales y sus palabras vehementes […] Ellas han tejido con su abnegación el espíritu patriarcal de la familia criolla y al pasar sus voces sobre el idioma le labraron en cadencias y dulzuras todos sus propios ensueños. Cuando llega la Independencia una ráfaga de heroísmo colectivo las despierta. Movidas por él pasan en la historia como el caudal de un río”. Un río que es, en todo caso, humano. Sus heroísmos no tienen porqué suponer – aunque muchas veces así sea – actos desenfrenados, épicos o gloriosos, sino la llama y simple cotidianeidad de los días y las noches, los sudores y las fatigas, las porfías y los anhelos, los enconos y las ilusiones con las que se labra una vida, como ha sido el caso de José artigas y sus amores cimarrones: los de la sangre y los de la pasión.

Marcia Collazo Ibáñez, 24 de marzo de 2011.

CUATRO ESCRITORAS JUDEO-ARGENTINAS: ENTRE LA TRADICION Y LA ÉPOCA ACTUAL



PABLO A. FREINKEL

El propósito de este ensayo es convocar a cuatro escritoras argentinas de origen judío que publicaron una novela cada una entre los años 1999 y 2006. No se trata de realizar comparaciones o exhaustivos análisis literarios; la propuesta es hallar elementos característicos judíos que permitan señalar tendencias dentro de esta rama específica de la literatura. De acuerdo al año de publicación de la obra a considerar, las cuatro autoras son: Manuela Fingueret, Paula Margules, Alicia Steimberg y Silvia Plager.

HIJA DEL SILENCIO, Manuela Fingueret

En la novela “Hija del Silencio”, publicada en 1999, Manuela Fingueret describe la prisión de Rita, la protagonista, en un centro clandestino de detención durante la dictadura militar argentina de 1976-1983. Encapuchada, desde su celda inmunda, evoca, sin orden preciso, su niñez, adolescencia y juventud. Y a la vez, con unos pocos datos aportados por su madre, llamada Tínkele, en idish, entre medias palabras y largos silencios (aludidos en el título de la obra) más algunos objetos que Rita encuentra casi por azar, entre los que se cuenta una Estrella de David amarilla, reconstruye su vida en Minsk, el campo de Terezin y finalmente Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial, además de iniciarla en el estudio del Holocausto (139-40). De modo que la Shoa adquiere un presente perturbador ya que Rita asimila su encierro al que debió soportar su madre, estableciéndose un paralelismo entre ambas situaciones extremas.
Pero no solamente Tínkele se revela como la figura central en la mitología personal de Rita; aparecen también sus abuelas Jasia y Rivka, asimismo víctimas de la Shoá, y de modo emblemático Eva Perón, integrada a la imagen luchadora de su abuela y madre (17), una mujer a la que no le dejaron concluir su destino (20) y que despierta su militancia revolucionaria. Su obsesión, entonces, al abrazar la causa, es convertirse en heroína, en vengadora de Tínkele (33).

BRUJULA AL SUR, Paula Margules

En junio de 2000, la editorial Emecé publicó la novela ganadora de su prestigioso certamen literario, titulada Brújula al Sur, de la escritora Paula Margules.
Con un trasfondo de violencia, corrupción y muerte, la novela registra la amistad entre tres hombres, dos que rondan los cuarenta años y el otro, mayor, a quien llaman el Viejo o el Abuelo. Uno de los más jóvenes es David Soifer que con el anciano, Víctor o Victorio, comparten su origen judío; en tanto, Walter Villegas, periodista de profesión, no lo es.
Brújula al Sur se inicia con la misteriosa muerte de Villegas, quien cae de un piso 13. Quienes lo conocían no dudan de que la muerte fue un homicidio, cometido por la persona para quien trabajaba escribiendo comentarios elogiosos sobre sus actividades públicas, que ocultaban la verdadera naturaleza de sus operaciones. Aparentemente, Villegas, de manera consciente o no, empezó a acercarse demasiado a los afanes de su patrón.
Entre los papeles que dejó, aparece un texto que es un rápido recorrido de la historia argentina. Este relato, o mejor dicho relación, abarca en la obra de Margules unas cincuenta páginas, y lleva por título: “Breve historia de un país contradictorio. Que sería divertida si no dieran tantas ganas de llorar”, y abarca desde el Virreinato del Río de la Plata hasta las elecciones presidenciales de 1999. No sólo se refiere a política o economía, sino que incluye una amplia gama de sucesos culturales, sociales y de la vida cotidiana, escrito en un tono despojado de solemnidad y con observaciones sumamente agudas por parte de la autora que revelan su pertenencia al judaísmo.

LA SELVA, Alicia Steimberg

En noviembre de 2000, Alicia Steimberg presentó la novela “La selva”, que narra la vida de Cecilia, una mujer que se acerca a los sesenta años, y que tras soportar momentos muy difíciles parece haber encontrado el amor y la seguridad en un hombre que conoce en forma casual en un spa brasileño, donde ha sido exiliada para recuperarse física y espiritualmente del terrible agobio que ha significado lidiar con un hijo adicto a las drogas.
Cecilia ha tenido una vida difícil. Un matrimonio malogrado le deja dos hijos, Francisco y Tomás, que viven en Europa. Una segunda chance para alcanzar la felicidad viene de la mano de Dardo, un ingeniero que es padre de Sebastián, estudiante aplicado de Medicina. De esa unión nace Federico. A pesar de las peleas y los entredichos, consiguen sobrellevar una convivencia y conformar una familia por más de veinte años, hasta la muerte de Dardo, víctima de cáncer.
Federico comienza a tener problemas de conducta desde niño, que se agravan con la enfermedad y posterior fallecimiento de su padre. Termina en el consumo de drogas y adquiere un temperamento violento orientado hacia Cecilia. Por consejo de los médicos, ella rompe definitivamente el vínculo y se aísla en el mencionado spa, donde deja transcurrir sus días, mecida por la paz que le brindan las pastillas bienhechoras, la calma del escenario y la relación con Steve, un biólogo norteamericano que también está en proceso de curación.
“La selva” no es una novela de temática judía propiamente dicha sino que cede ante la cruel realidad que no reconoce pertenencia étnica ni religiosa, como es el consumo de drogas.
Pero esto no significa que esté ausente. El recurso que emplea Alicia Steimberg es lo implícito, lo que está allí aunque no se dice expresamente. Es un elemento más que se une al paisaje. No predica el judaísmo ni le da una cualidad épica y aparece sin ser convocado, como una presencia que fluye natural y espontáneamente. Desde las actitudes propias de la “idishe mame” que adopta Cecilia para culparse de lo que le sucede a su hijo menor: “Busqué en el caos la infancia de Federico... dispuesta a encontrar el nudo que no supe desatar, y que seguramente encerraba el secreto del drama...” (157) o “¿Qué hice mal? ¿No lo quise lo suficiente?” (165), hasta cuando fantasea con su casamiento en una ceremonia ecuménica, ya que ni ella ni Steve son religiosos, con un sacerdote católico del ala tercermundista y un rabino muy progresista. “Steve es de familia irlandesa y católica. He vivido entre católicos y judíos” (155).

LA RABINA, Silvia Plager

La Rabina, novela de Silvia Plager, finalista del premio Planeta y publicada en 2006, narra el intenso viaje de Esther Fainberg, su protagonista, hacia la concreción de su deseo de convertirse en rabina. El tono de la obra y los obstáculos que debe sortear quedan plasmados en el segundo párrafo cuando su padre le dice: “Esther, sólo lograrás hacer daño a tu comunidad, a tu familia, a tu matrimonio. Y lo que es peor, arruinarás tu vida. Ninguno de los tuyos tuvo que ser rabino para saber quién era. Les bastaban sus muertos, sus costumbres, sus comidas...” (13).
Es entonces entre esta dicotomía que se desarrolla el texto. Pero no sólo la compulsa de Esther es con sus familiares y relaciones, también es con su propio ser. La duda es su compañía desde que recibió la “revelación”, como lo define, algo que se había iluminado dentro de ella (97) y reafirmado cuando conoció la trágica y significativa historia de Regina Jonas2, la primera mujer rabino de Alemania, mártir en Auschwitz (21).
A los veintiocho años, Esther se pregunta qué es ser judía (17). Y también es el interrogante que plantea Plager y que intenta responder a partir de un colorido mosaico de personajes, constituyéndose cada uno en un arquetipo.
“La rabina” aparece, entre las novelas que estamos tratando, como la de mayor compromiso con el judaísmo. Todos los personajes centrales son judíos así como los temas que aborda. El amplio espectro de discusión abarca posiciones ortodoxas, conservadoras, reformistas y construccionistas. La relación ante el judaísmo, desde el purismo intransigente (que pretende Esther), pasando por la observancia sólo en los días festivos (su familia , su esposo Robert) hasta un sentido ecléctico (Brenda, la amiga, que combina elementos judaicos con hinduistas, entre otros). La diáspora e Israel en la frustrada experiencia familiar y los que hicieron de Israel su hogar, los que lucharon en la guerra de la Independencia.

HACIA UNA TEORÍA GENERAL

He resumido hasta aquí las líneas argumentales de las novelas tratadas. A partir de este momento intentaré abordar algunos temas específicos conducentes a elaborar una teoría general que me lleve al propósito enunciado al principio, esto es marcar una tendencia en lo que se refiere a la obra literaria de autores judeo-argentinos de comienzos de siglo XXI.
Como se puede apreciar en todas las expresiones, los judíos aparecen como habitantes de grandes ciudades, son judíos urbanos. Excepto “La rabina”, cuyo eje central se ubica en Nueva York, admirablemente retratada al punto que puede considerarse un personaje más, además de Jerusalem y Tel Aviv, y una lejana Buenos Aires, velada entre los recuerdos de niñez y primera adolescencia, es esta capital la que será testigo de los avatares de los personajes de las otras novelas. Pero no hablo de una mera localización geográfica, sino de barrios, sitios, calles específicas en donde se desarrollan las historias narradas3.
Si estamos entre judíos no podemos dejar de hablar de las comidas, las actuales y las que llegan a través de la memoria. Leemos en “Hija del silencio”, “noches cargadas de pan ázimo y licores. Noches con sabores de la abuela Jasia” (134), “Olor a papa y arenque” (184), Tínkele siempre recuerda los leikaj4 que hacía su madre (209). Margules, en “Brújula al sur”, señala la costumbre del Abuelo de pasar las tardes en el McDonald´s del Abasto leyendo el diario mientras toma té en vaso de vidrio y come strudel5, un privilegio que consiguió en la era de los descartables (62).
A pesar de ser una novela con tan escasas referencias judías, “La selva” aborda el tema de las comidas como puntal en su identificación. Lo vemos cuando Cecilia prepara una cena para agasajar a Steve. “De postre, los blintzes de Pentecostés6, que es la única comida judía que sé hacer. Son panqueques rellenos de requesón endulzado y pasas de uva, cubiertos de azúcar impalpable y canela. Bah, qué sé yo si así eran los auténticos blintzes...” (60), o el hígado de ternera finamente picado para luego agregarle cebolla picada, sal y aceite, la receta preferida de Dardo que le preparaba Berta, su madre (64).
Por su parte, en “La rabina” se menciona un amplio conjunto de comidas tradicionales tales como las sopas, las carnes, el guefilte fish7, el hígado con cebollitas, los kreplaj8, los pastrones9, las aves... (89) y los buñuelos de espinaca, latkes verdes, receta que inventó la madre de Esther para que los chicos comieran verduras (30); pepinos agridulces, ensalada de repollo, rábano picante, pan de centeno... En la fiesta de ordenación rabínica de Esther (345).
Otro tema es el idish, que se constituye en un refugio común, un territorio de encuentro.
En “Hija del silencio”, este idioma adquiere ribetes dramáticos. Rita, prisionera, lo emplea como un puente de unión con su madre: “Me sentaba a su lado en silencio y ella tarareaba cierta canción aprendida de su madre” (19), y una letanía que Tínkele repetía ante lo imprevisto: Got alein vest! (Sólo Dios sabe!), en su boca se convierte en un grito personal de rebeldía (21 y 69). David Soifer, de “Brújula al sur”, utiliza lo poco que sabe en dichos y frases que redondean grandes sentencias (69), mientras que para los mayores es memoria de tiempos idos. Cecilia desconoce el idish por completo10. Mientras que para Esther Fainberg es un conflicto que la lleva a desestimarlo en beneficio del hebreo: horas antes de rendir su examen final, se deja consolar por Saúl, segundo esposo de su abuela, que le canta una canción que habla de un caldero en el que arde un fueguito y de un rabino que enseña Torá a los niños. Ella, embarazada, al quedarse sola, le canturrea en hebreo al hijo por venir (343).
Ya hemos visto la importancia central que adquiere el Holocausto en “Hija del silencio”. Se halla ausente en “La selva”, aunque Alicia Steimberg trató el tema en otras de sus novelas11 . Margules junto a esta cuestión introduce también la inmigración al referir que “El Viejo nació en Galitzia, llegó a la Argentina sin idioma, sin dinero, sin documentos, sin trabajo, sin casa”, pero con esposa y dos hermanos de ella (19). “El nazismo le llevó a su familia, a todos” (20). La presencia del Holocausto en la novela de Plager es fuerte. Allí, León, el padre de Esther pierde a su familia, que incluye a hermano, su esposa y pequeña hija. El recuerdo es constante y condiciona sus sentimientos hasta en la aspiración de que su primer nieto varón lleve los nombres de su hermano (88). La contraparte es Saúl, quien, como sobreviviente, prefiere dejar atrás esa negra noche y dedicarse a vivir, disfrutando de todo y tomando con humor las cosas como vienen.
En cuanto a la relación con Israel, solamente Manuela Fingueret y Silvia Plager colocan en plano destacado la posición de sus personajes con respecto al Estado judío; Paula Margules, solamente hace una referencia secundaria. Y, curiosamente, en los dos primeros casos es el padre de las protagonistas el que se muestra proclive a la emigración hacia ese país, en tanto las respectivas madres son reacias a dar ese gran paso. El padre de Rita era el relator minucioso de historias, desde la Biblia hasta las familiares, y quien sostenía su vínculo con el pasado del pueblo (14) . Sus temas favoritos eran el destino de Israel, su sobrevivencia, el idish, los escritores legendarios (16). Fue él quien le pasó el fervor sionista y su pasión por Israel (16), aunque su militancia la empuja hoy a rechazarlo, es incapaz de desterrarlo del todo de sus afectos (169). La obsesión de la madre, por el contrario, era rogarle que no se le ocurriera hacer “aliá” 12(169).
León Fainberg, padre de Esther, vivía en la tranquilidad que le podía deparar el idish, hasta que una sobrina se casó con un no judío. Entonces, temeroso de que esa situación se repitiera con sus hijas, decide irse a Israel. Su esposa Sara no quiere dejar su casa, sus padres, su negocio y su pertenencia a Hebraica, pero es alentada por su progenitor bajo la promesa de que detrás de ellos, se irían todos. Eso no se cumple (50). Y cuando llegan a Israel, la desazón es mayúscula ya que no encuentran la Israel bíblica ni la que mostraban las películas de la Agencia Judía (57). Luego de intentar un negocio fallido en Tel Aviv, el hermano salvador los lleva a Nueva York, donde finalmente se establecen.
Un elemento que caracteriza a todos los personajes de las obras estudiadas es el sólido atributo intelectual con que cuentan. Rita reconoce que de su madre heredó el amor por las artes (141), sin embargo es su padre quien la guía a través de los caminos de la cultura. Siente desdén por la ignorancia ajena, al igual que éste, quien consideraba a los incultos como parias involuntarios; para él eran shmoks, es decir, imbéciles y que “viven porque el aire es gratis” (26). Prefiere a Mozart o el violín de Jeifetz a los folkloristas o tangueros (10). Adicta a la lectura, con los libros armó un espacio de convivencia (15),que incluye bastante de poesía, algo de novela (16); inclusive escribió algunos poemas y daba charlas y talleres sobre literatura.
David Soifer es profesor de historia, escritor, publicó dos o tres libros de poesía y algunos artículos en periódicos y revistas de vida efímera. Goza de cierto prestigio académico y posee una importante biblioteca.
Cecilia es profesora de inglés y autora de novelas. Ha publicado varios libros que le han dado un bien ganado renombre, incluso ha participado en congresos fuera del país. Tiene gran cantidad de volúmenes, a pesar de ir dejándolos en el camino en sucesivas mudanzas escapando de su hijo, a pesar de eso en su último domicilio optó por bibliotecas pequeñas, separadas unas de otras, para que no resultaran abrumadoras (191).
Finalmente, Esther Fainberg demuestra ser una lectora muy dedicada ya que memoriza frases completas de la más diversas especies, tanto judías como no judías, religiosas y laicas (Lawrence Durrell, Mark Twain, Shalom Asch, William Blake). Ama los libros y le encanta el ámbito de las bibliotecas.
Saúl Sosnowski consigue una muy lograda imagen cuando define a los judíos como “índice de la resistencia”13 , mediante la cual los presenta como registro de lo diferente, cuestionador de la realidad, agresivo contra las verdades aceptadas como definitivas. El judío debe ser visto como la clave para comprender la turbulencia de ciertas historias y de todo tiempo. Y a partir de allí, interesar también al no-judío por su dosis de marginalidad frente a los ejes que adopta para definir su cultura y por la lectura renovada que hace de su propio pasado.
Rita se cuestiona a sí misma y se acusa de ser ambigua, de no poder definirse; en una palabra: dudar, y por eso no ser una militante cabal (62). Pero a la vez se rebela ante los lineamientos cerrados que imponen los principios con que se manejan sus compañeros revolucionarios (173). Defiende una manera personal de vivir la militancia y el peronismo, despreciando las certezas. Rita no desdeña aquello que le gusta, aunque a sus camaradas esos gustos le parezcan burgueses y, en consecuencia, reprobables. A pesar de todo, la consideran una “judía potable” porque jamás negó tal condición (189).
A través de su novela, Paula Margules ofrece una fuerte y descarnada visión de un país que aún no ha concluido de conformarse. El texto titulado “Breve historia de un país contradictorio. Que sería divertida si no dieran tantas ganas de llorar”, que forma parte del volumen, se traduce en una crítica intensa, en donde no están ausentes la ironía ni el humor o la más cruda reflexión, y que sin duda pasa a ser un exponente singular de la resistencia que habla Sosnowski. El material con que trabaja la autora es la memoria, el olvido, los recuerdos, elementos esenciales para construir una identidad.
Por el contrario, en “La selva”, Alicia Steimberg hace de Cecilia un personaje que lucha contra un destino personal aciago. La infancia desdichada, el amor truncado, el hijo perdido a causa de las drogas, la insatisfacción que traduce en esta descripción de sí misma: “Yo he estado contando mi historia durante no menos de cuarenta años. Mis libros son como esos libros para turistas que muestran ruinas de épocas pasadas, con otra página transparente sobre ellas, cuyos dibujos completan las casas y los templos para mostrar cómo fueron realmente” (180). Y que de pronto tiene una nueva oportunidad y la acepta a pesar de sus temores, sabiendo que puede llevarla a una nueva decepción. Porque lo que importa es la vida, por siempre.
Por otra parte, las batallas que Silvia Plager hace librar a Esther Fainberg, en “La rabina” son producto del descontento que le provoca su propio judaísmo y el de los demás. Harta del ritualismo y las apariencias, Esther se siente en la necesidad de bucear en sus propias raíces, capitalizar sus experiencias y poner al descubierto la falsedad de ciertas verdades y certezas. Para ello, el mejor antídoto es la duda, punto esencial en la construcción del edificio judaico, aunque esta actitud la enfrente con quienes se oponen a esta nueva mirada.

CONCLUSIONES

A partir de las consideraciones precedentes, ¿es posible delinear el perfil de un personaje judío en la narrativa judeo-argentina del siglo XXI? Sin tratar de poner las ideas en un lecho de Procusto, encuentro ciertos elementos que me permitirían ensayar algunos rasgos distintivos. La ciudad es su ambiente geográfico excluyente; es culto, generalmente universitario, orientado hacia las carreras humanistas, no científicas; amante de los libros y la cultura en general. Israel adquiere connotaciones diferentes de las que representaba para la generación anterior y el Holocausto es un nuevo gen incorporado a su mapa genético, aunque no siempre se manifiesta. El idish, sin entrar en su ámbito específico, es uno de los puntos que lo unen con el pasado, igual que las comidas u objetos que permanecen en las familias como reliquias, esto es el nexo que lo comunica con sus raíces y a través de ellas explora su identidad, en la cual la memoria y el olvido juegan un papel decisivo. Su pasado y presente en permanente revisión lo lleva a trasponer umbrales y colocar en entredicho el mundo que lo rodea. Cuestiona todo, tiene más dudas que certezas, circunstancia que para él (ella) es un punto en su haber antes que un defecto. Se reconoce a sí mismo como miembro integrante del universo multicolor y atractivo que es su paisaje habitual, ha dejado atrás el gueto y las limitaciones que imponía, con lo cual su búsqueda no tiene límites.
Hasta aquí este ensayo de ensayo que pretendió lanzar algunas líneas cuyo desarrollo permitirán conocer más con profundidad el difícil arte de ser un escritor judío en estas latitudes y en esta era en particular.

BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL

Manuela Fingueret.. Hija del Silencio. Planeta, Buenos Aires,1999.
Paula Margules. Brújula al sur. Emecé Editores. Buenos Aires, 2000.
Alicia Steimberg. La selva. Alfaguara. Buenos Aires, 2000.
Silvia Plager. La rabina. Planeta. Buenos Aires, 2006.

BIBLIOGRAFIA GENERAL

Aizemberg, Edna. Books and Bombs in Buenos Aires. Borges, Gerchunof and Argentine Jewish Writing. Brandeis University Press, New England (USA), 2002.
Birmajer, Marcelo. Escritores judíos después de la dictadura militar. Recreando la cultura judeo-argentina. Editorial Milá. Buenos Ai¬res, 2002, pgs. 73-78.
Birmajer, Marcelo. Tres mosqueteros. Debate. Madrid, 2001.
Feierstein, Ricardo. Las generaciones literarias judeoargentinas. Recreando la cultura judeo-argentina. Editorial Milá. Buenos Ai¬res, 2002, pgs. 32-52.
Freinkel, Pablo A. Escritores judeo-argentinos. Una literatura desde la provocación. Recreando la cultura judeo-argentina., Buenos Ai¬res, 2002, pgs. 236-41.
Freinkel, Pablo A. Ser personaje judío en la narrativa argentina del siglo XXI, en “El tiempo y las palabras: Literatura y Cultura Judía Latinoamericana Contemporánea”. Stephen Sadow, editor. Hostos Review/ Revista Hostosiana. Instituto de Escritores Latinoamericanos, división de la Oficina de Asuntos Académicos de Hostos Community College de CUNY. New York, octubre, 2006.
Meter, Alejandro. El rol de la ficción en la narrativa después de la dictadura. Recreando la cultura judeoargentina/2. Literatura y Artes Plásticas. Editorial Milá, Buenos Aires, 2004. Tomo 1, pgs. 164-76.
Senkman, Leonardo. La identidad judía en la literatura argentina. Pardés, Buenos Aires, 1988.
Sosnowski, Saúl. La orilla inminente. Escritores judíos argentinos, Edito¬rial Legasa, Buenos Ai¬res, 1987.
Steimberg, Alicia. Cuando digo Magdalena. Planeta. Buenos Aires, 1992.
Onega, Gladys S. La inmigración en la literatura argentina. Galerna, Buenos Aires, 1969.
Viñas, David. Literarura argentina y política: de Lugones a Walsh. Sudamericana, Buenos Aires, 1990.
Wang, Diana. El silencio de los aparecidos. Acervo Cultural. Buenos Aires, 1998.

REFERENCIAS

1 Terezin, campo de concentración alemán ubicado en Checoslovaquia, que tuvo la particularidad de permitir el desarrollo de distintas expresiones artísticas (música, pintura, literatura, teatro), realizadas por los prisioneros. Aunque los traslados hacia la muerte eran cotidianos y las condiciones de vida pésimas, hubo cierta buena predisposición por parte de las autoridades. Finalmente, cuando el avance de las tropas soviéticas era inminente, fue desalojado y los judíos llevados a Auschwitz, donde unos pocos sobrevivieron.
 Los números entre paréntesis remiten a los libros referidos en la Bibliografía Especial.

2 Nacida en Berlín en 1902, fue maestra de hebreo y luego se graduó de profesora de religión. Pero le negaron la ordenación al rabinato hasta que lo consiguió por medio de un rabino liberal. Luego fue convocada por algunas instituciones sociales judías. Por la persecución nazi muchos rabinos se exiliaron, y así ella logró predicar en una pequeña sinagoga. Fue obligada a trabajar en una fábrica y poco después la deportaron. En Theresienstadt trabajó junto a Víctor Frankl y enviada a Auschwitz, fue asesinada el 12-12-44. (61-3.)

3 Verbigracia: judíos en inquilinatos o conventillos de Parque Centenario, librerías de Corrientes entre Talcahuano y Callao, Academia Pitman de Av. San Martín y Donato Álvarez, en “Hija del silencio”; confitería de Warnes y Ángel Gallardo, Medrano y Corrientes, el Monumento por las Víctimas del atentado a la AMIA, nuevo elemento en el paisaje urbano, “Brújula al sur”; la calle Corrientes, centro de los cines y las librerías, Recoleta, Palermo, San Telmo, la Boca, en “La selva”.

4 Torta, especie de bizcochuelo.

5 Postre hecho con manzanas o membrillos.

6 Shavuot, en hebreo. Recuerda la entrega de Los Diez Mandamientos al pueblo judío al pie del Monte Sinaí, luego de su salida de Egipto bajo el mando de Moisés. Literalmente significa siete semanas, que es el lapso que demoraron en cubrir esa distancia. Se acostumbra consumir alimentos lácteos.

7 Albóndigas de pescado.

8 Pasta rellena.

9 Fiambre de carne del pecho del animal, de acuerdo al ritual casher.

10 En una de las paredes de su estudio o lugar de trabajo pende “Un gran póster con vidrio y marco... Representa a un viejo relojero ante su mesa de trabajo. El hombre ha abandonado sus viejos instrumentos y los relojes desarmados para leer el diario. No sé qué dicen los grandes titulares en idish ...”

11 Cfr. Cuando digo Magdalena.

12 Emigrar a Israel.

13 Saúl Sosnowski, La orilla inminente. Escritores judíos argentinos, Edito­rial Legasa, Buenos Ai­res, 1987.

PABLO A. FREINKEL

Nacido en Bahía Blanca (Argentina) en 1957. Licenciado en Bioquímica. Periodista y escritor. Publicó Diccionario Biográfico Bahiense (1994), Metafísica y Holocausto (ensayo, 2000), El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés (novela, 2009), Los destinos sagrados (novela, 2010). Varios de sus artículos han aparecido en revistas de Buenos Aires, Nueva York y Jerusalem; así como en periódicos on-line. Traductor voluntario inglés-español de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg. Desde 1995, co-conductor del programa radial Kol Hashalom (La voz de la paz) de su ciudad natal. Corresponsal en Argentina de Radio Sefarad (España).

Ricardo Feierstein


Las novias perdidas, Novela de Ricardo Feierstein

PRESENTACION DE JUAN JOSE DELANEY *

Con su última novela titulada Las novias perdidas, Ricardo Feierstein da forma artística a la ilusión de muchos: recuperar la juventud perdida y el tiempo que alegremente uno suele dilapidar en esa sobrevaluada época de la existencia.

La idea, bien lo sabe el autor, no es original. Lo original aquí es su verosímil tratamiento, la maquinación de un relato creíble poblado por unos pocos actores que, ciertamente, reconocemos detrás de las máscaras.

Acaso el mérito mayor del relato sea la voz del narrador: franca, amable y, lamentablemente, convincente ya que la vida es así. Sin embargo el ánimo poético adquiere un sentido medular porque detrás de vidas y palabras simples aparece como revelador de experiencias comunes de nuestra condición. Así, breves e intensos pasajes vecinos a la filosofía y a la religión surgen como funcionales al contrapunto integrado por miserias cotidianas, la política de los noventa y la vil condición a la que, por culpas propias y ajenas, muchos son arrojados.

El barrio es el escenario pero se trata, en verdad, de un microcosmos que da cuenta de un espacio mayor. Los personajes, desde su fracaso, dan cuenta de una derrota grande que la posibilidad novelística insinúa como transitoria. Por eso el azar como leit motiv y la oscilación entre casualidad y causalidad.

Al final se queja el narrador: “Floto ahora en el vacío del sinsentido. De nada sirvió mi sabiduría callejera, contrastada con los poderes del mundo real. Quizá se trató del postrer triunfo de mi amigo Gonza. No sobre mí, pues cada uno de nosotros había hecho lo que creyó correcto. Sino, casi, de su postulado teórico: el azar vence a todo, incluso a la mentira.”

El buscador de Utopías cree también en las posibilidades de la palabra y, pese a su pasado gris de empleado bancario, se aferra a ellas: en la adolescencia, inaugurando un diario personal; durante la madurez, escribiendo versos, algunos de los cuales nos recuerdan al tragicómico Carlos Argentino Daneri. La contracara es la novela misma, reveladora de que, como se ha sugerido, lo único que finalmente dejamos son palabras. No por nada en algún momento leemos: “La vida es un error que sólo el arte puede corregir.”

Detrás de la narración toda –recorrida por un casi imperceptible humor sardónico–, subyace, constante y asertiva, la concepción de que siempre lo común es el fracaso. Tal vez porque, como alguna vez señaló Ernesto Sábato, nos pasamos el tiempo tratando de entender qué es la vida y cuando empezamos a comprenderla, llega el turno de morir. Pero en un estrato más hondo, insisto, en Las novias perdidas asistimos al triunfo de la escritura, que permanece más allá de nuestras pobres peripecias. Hay, además, en la esencia del libro un sabor a tango, y que la fuerza de su insinuada sabiduría campee constante prueba que lo porteño está en el carozo del texto.

Leemos al final de la historia: “A mí lo que me importa es vivir. Sí, vivir. Como Gonzalito. Su amor era melancólico, pero también bello. Quiero proseguir ese camino que inauguró. Quiero buscar la memoria de años felices que quizá puedan volver, aunque preñados con las trampas y resbalones de la nostalgia. Quiero quedarme en este lado de la oscuridad.”

Hay en Ricardo Feierstein un poeta: lo muestran su efectiva adicción a la escritura y su comunión con el verbo. Tal es la razón por la que su discurso plural –rico en aciertos como el texto cuya aparición hoy celebramos–, contribuye a iluminar el camino. Gracias por eso.

* Escritor y crítico argentino, docente de literatura en la Universidad del Salvador.

Las novias perdidas, novela de Ricardo Feierstein.

Buenos Aires: Galerna, 2011.

Stephen A. Sadow, PhD

Profesor titular de la literatura latinoamericana

Northeastern University

Boston, USA


Comencé a leer Las novias perdidas, la flamante novela de Ricardo Feierstein, el día que cumplí sesenta y cinco años, fecha significativa tanto en mi país, USA. como en la Argentina. ¿Una casualidad? No sé. Pero Javier “Javi” Pontevedra, el narrador de la novela y su interlocutor Gonzalo, “Gonza” o “Gonzalito” Pentrelli, debaten temas que a mí me tocan: la juventud “divino tesoro,” el “¿quién soy yo?” actual y el temor de “la tercera edad” venidera.

Con Las novias perdidas, Ricardo Feierstein ha creado una novela absorbente.

Entre las conversaciones entre Javier y Gonza y los comentarios del narrador, ha construido una narrativa filosófica y sicológica que tiene toques detectivescos y hasta fantásticos. Lo político también está presente en las referencias sobre el “vendepatria” Carlos Menem Gonzalito insiste en dirigirse hacia el pasado. Está irrefutablemente convencido de que tiene que volver cuanto antes a la época “dorada” de su adolescencia, aún si ello le cueste la vida. Además, siente la necesidad de reparar su pasado, corregir sus errores. Ya jubilado de un puesto bancario, vuelve a vivir en la zona de Villa del Parque, donde había pasado sus años tempranos. Allá reestablece su amistad con Javier, hombre que nunca se ha trasladado de ese barrio. Los dos pasan horas interminables en un bar de antaño que pertenece al “yugoslavo” Mirko. Por fin, Gonza, con el apoyo de Javier, emprende una serie de búsquedas extravagantes, seguro de que, a través de ellas, va a redescubrir, en la actualidad, a Martina. Cynthia y Cecilia, las tres “casi” novias con quienes, por su timidez, nunca llegó a intimar.

En mal estado físico cuando regresa al barrio, Gonza intenta todo lo posible para rejuvenecerse. Hace un régimen de ejercicios, baja de peso, cambia el vestuario y el color y corte de cabello, recurre a la cirugía plástica. Todo eso no es nada irregular entre los hombres maduros de hoy en día. Pero Gonzalito se distingue

por la intensidad de su obsesión. Llamado “el existencialista” cuando joven, él ha leído a Sartre y conoce la imagen del Ser Humano como “libertad en situación”: con autonomía de algún incierto Ser Supremo, es responsable por sus elecciones.

En contraste, Javier, vendedor de seguros fracasado, está resignado a una vida estancada; para él, el futuro es solamente una extensión aburrida de un presente incómodo. Es un hombre que acepta el hecho de tener poco control sobre su devenir. De carácter mentiroso y vendedor de seguros de profesión, manipula el lenguaje y la verdad para vender una póliza o ganar una disputa. Es un jugador experimentado de ajedrez, para el cual la vida es una serie compleja de apuestas y trueques.

La nostalgia es un personaje más en la Las novias perdidas. Las conversaciones giran alrededor de los recuerdos de Javier y Gonza. Y estos recuerdos están en un continuo estado cambiante. Brotan y desaparecen. Engañan y tienen valor. Tratan de la escuela primaria, momentos en la vida familiar, amistades, aventuras sexuales, personalidades de la zona, costumbres anticuadas y momentos históricos. Feierstein posee una extraordinaria habilidad para reconstruir escenas barriales y personajes típicos de épocas anteriores. Replica modos de hablar y jergas locales de antes y describe en detalle hasta los muebles y los juguetes. Gonza, Javi y Mirko tienen memorias que son muy agudas, repletas de detalles de momentos pasados hace muchos años. Pero hay un efecto Rashomón, a menudo no están de acuerdo sobre lo que realmente pasó en cierto incidente. A veces, no lo recuerdan.

No es sorprendente que acá Feierstein se haya enfocado en una época de la vida.

Sus primeras novelas reunidas en la trilogía Sinfonía Inocente (1979-1984) toman la forma de un Bildungsroman experimental que sigue la travesía del Lungo, un joven judío argentino que crece y se educa en Buenos Aires, se traslada con su esposa y sus dos hijos a un kibutz en la Galilea donde trabaja duro y participa en la vida kibutziana, y luego regresa a una Argentina cambiaday dictatorial, donde lucha para establecerse como arquitecto. En Mestizo (1994) el protagonista David Schneiderman, un judío bonaerense de cuarenta y tantos años, sufre amnesia después de observar un homicidio y con la ayuda de un psiquiatra, tiene que reconstruir la memoria de su vida entera y hasta las de sus antecedentes, recuerdo por recuerdo.

En La logia del umbral (2000), el brutal atentado contra la sede de la AMIA (Mutual Israelita Argentina) de 1994, a cien años de la llegada de la inmigración judía, sirve como bisagra para metaforizar ese siglo de coexistencia- muchas veces idílica, cada tanto problemática- de los integrantes de la colectividad en el país, bajo la alegoría de una logia de personas que habitan el umbral de la casa común, sin poder llegar al centro. Y en Consorcio Utopía (2007), un grupo de ex-militantes políticos se reúnen para establecer un proyecto inmobiliario donde puedan recomenzar la vida según los ideales que compartían décadas antes. Además, la colección de los poemas seleccionados de Feierstein lleva como título Las edades/The Ages (2005). En cada uno de estos libros, el autor describe y examina las etapas del desarrollo de la vida del ser humano, tal como fue experimentada por judíos argentinos y, más tarde en su obra, por gentiles argentinos.

Esta novela es, en parte, una meditación sobre el tener sesenta y tantos años, una encrucijada crítica en la vida de todos los que alcanzan esa edad. Al nivel metafórico, es una exploración de dos mitos--la edad de oro, que para Don Quijote fue un hecho histórico, un paraíso perdido de paz y belleza y la Fuente de Juvencia, la creída existencia de aguas que aseguren la juventud permanente que inspiró la búsqueda frustrada de Ponce de León. No obstante, la novela trata aspectos de la vida real de cada lector. ¿Quién no ha querido regresar a una vida protegida y optimista? ¿Quién no se ha preguntado sobre cómo habría sido su vida si tal o cual romance hubiera llegado a otro fin? ¿Quién no ha deseado rectificar un error de desde hace años? Así, no es difícil identificarse con Gonzalo Pentrelli y sus obsesiones.

En fin, Las novias perdidas es una novela intrigante y poderosa que provoca al lector a reflexionar sobre su propia adolescencia y sus novias (u oportunidades) perdidas y, a la vez, lo fuerza a confrontar con su situación actual.

Paradoja Nro. 92


A Rigoberta Menchú

/*A 500 años de la llegada
de Don Cristóbal Colón
1993 Año Internacional
de los Pueblos Indios*/

Encendece,
llama crece.
Uspantán,
El Quiché,
Vicente, Juana.
Huipiles multicolores.

Encendece,
llama crece.
Padecientes,
Perecientes,
del Genocidio
Vestido de Fuego.

Encendece,
llama crece.
Niña de Chimel
De la finca del café
¡Tus hermanos han muerto!
Maya Mujer.

Encendece,
llama crece.
Campesinos
indígenas,
derretidos
bajo llamas,
de terratenientes,
del ejército
de Guatemala.

Encendece,
llama crece.

Anna Donner Rybak © 2011

Desolada Apocalipsis


Desierto

Pampa

Kilómetros de planicies

Carecientes de vivientes

Tierra

Despojadas las dudas

Descubres

Una luna vacía

Y marcianos en holograma

Sola estás

En tan vasto Universo

Resígnate;

Ningún extraterrestre

Vendrá a interceder

Entre

Blancos y Negros

Conservadores y Progresistas

Capitalistas y Socialistas

Buenos y Malos

¿Quién hará el gris?

Y si nadie pronto lo pinta

Todo acabará

Así

Simplemente

Nadie sabrá que has existido

No habrá testigo alguno

Todos habrán perecido

Encerrados en radicalismos.

Desierto

Pampa

Kilómetros de planicies

Carecientes de vivientes

Y yo, en medio de la Nada.


Anna Donner Rybak © 2011

En la Eternidad: José Carbajal El Sabalero.


Pantalón cortito
bolsita de los recuerdos
pantalón cortito
con un sólo tirador
"Y había alguien que se llamaba mi bohemia de cantor barato. Y la llovizna, y los marrones, y tus zapatos chuecos y tu pollera colgando de la silla. Y hasta compartir el pan con mortadela. Y el amor. Amar hasta reventar si es posible, porque eso... eso es la vida."
(José Carbajal 1943-2010)
"Dulzura e ironía raramente danzan en armonía: El Sabalero, José Carbajal, les tendió un suelo de barro, flores y vino, donde alumbraron movimientos exquisitos... Adiós peregrino..." GERARDO BLEIER
Grupo Cultural La Tertulia

Alejandro Fabio Della Sala


Alejandro Fabio Della Sala, Argentino, abogado, egresado de la universidad de Buenos Aires, mediador, Magister en Derecho Empresario y Magister en Defensa Nacional. Actualmente es estudiante de la carrera de traductor público de portugués en la universidad de Buenos Aires. Colabora con revistas del ámbito jurídico y literarias como Meya Ponte del Brasil, Encontro Literário de la Academia Mineira de Letras, Letras de Uruguay, Logogrifo de Venezuela, aduananews de Buenos Aires, entre otras.

Libros inéditos: Brasil, Realidad y Utopía, sinergias para la integración regional (Ensayo) y Aún el Abaporou (Poesía).

AL OESTE DE LA CONQUISTA.[1]

Desaparecí raptado por un malón. No sé si lloré o si no me di cuenta de que me habían secuestrado. Los indios me enseñaron sus costumbres: a montar, a cazar, a vivir libremente, sin horarios, ni amos, ni Estado. Con ellos, también aprendí el arte del uso de boleadoras, para cazar animales, para saber en el arte de la supervivencia. Aunque no me dieron mucho cariño, nada de lo material me faltó. En seguida, la conquista del desierto, también con hombres de a caballo, los había diezmado. La tecnología fue la diferencia; en otras palabras: el remington. Evidentemente, no fue la estrategia de seducción utilizada por el Mariscal Cândido Rondon en el Brasil matogrossense de finales de siglo XIX. Quizás la ocupación territorial por fuerzas regulares del ejército de Buenos Aires aceleró el desenlace. Mis padres dieron conmigo (El cautivo no podía entender su lengua materna, ya que hablaba y pensaba como indio. Sin embargo, pudo reconocer el cuchillo con el que jugaba a los piratas cuando chico). Mis padres lloraron y yo no sabía porqué.

Con el tiempo, empecé a comprender el idioma materno, los instrumentos de la cultura occidental, la escuela, las obligaciones, los horarios, el trabajo, el gobierno. En realidad, todo eso no me gustaba. Preferí volver a ser indio, amaba la libertad, lo indómito, la vastedad de la pampa…



[1] Inspirado en el cuento “El Cautivo” de Jorge Luis Borges.


LA ILUSION DE JUAN SÁBADO ARANDÚ.

“(…) no hay otra venganza que el olvido. Ni otro perdón.

(…) Soy eco, olvido, nada.”

Jorge Luis Borges.

… Juan Sábado Arandú era hijo de una india querandí y un soldado español que había venido a estas tierras desde el Alto Perú con la intención de trazar una ruta entre la ciudad de Lima y el puerto de Buenos Aires a fin de evitar en lo posible las altas cumbres de la cordillera de los Andes. Asímismo, la corona española pretendía establecer un asentamiento permanente a orillas del “Mar Dulce”. De esta manera, las circunstancias llevaron a que ese soldado español se afincara en aquellos parajes cargados de pampa y cielo hasta que murió de un flechazo en la pierna mientras cazaba ganado cerca de lo que hoy es la ciudad de Luján en la provincia de Buenos Aires. No fue el flechazo lo que lo mató, sino la cangrena. Fue el azar su fatalidad, no las guerras de conquista.

Juan Sábado Arandú quedó al cuidado de los indios adoptando sus costumbres, muy especialmente la capacidad de mirar más allá en el horizonte, en ese mar horizontal que es la pampa húmeda. Los indios lo llamaban “el arandu” o “arandú” que en lengua guaraní significaba: “el que percibe el tiempo, el sabio”. Posteriormente, bajo la influencia de algunas tribus mapuches que se mezclaron con los querandíes, lo llamaron también “Newén” que para dicha etnia significaba “energía”, “fuerza”. Además de ser un eximio organizador de malones, corría ganado de aquí para allá, causando una suerte de frontera cultural móvil entre el indio y el blanco.

Un cierto día fue hacia el oriente y siguió sin parar hasta encontrarse con una gran ciudad, un cabildo, algunas casas que empezaban a construirse desde el barro y un río que parecía un mar, una pampa movediza sin árboles. Contaban los parroquianos que en épocas de bajante, los barcos quedaban encallados sin poder entrar al puerto, circunstancias que ayudaban, además de favorecer el comercio con bergantines portugueses, a ganar no pocas guerras a favor de los porteños, los que ayudados por la destreza de sus jinetes “entraban” en el lecho barroso del río para pelear “ mano a mano” caballo con barco, contra los gringos navegantes. Entre los más destacados acontecimientos del tipo del relatado precedentemente, se cuenta la participación directa de Martín Miguel de Güemes, aquel gaucho que cuidaba la frontera en el norte salteño para evitar la entrada del godo y que circunstancialmente había bajado a Buenos Aires para ayudar a librar alguna de esas tantas batallas por nuestra independencia, entre ellas, nada menos que las invasiones inglesas.

El devenir de Juan Sábado Arandú hizo que se quedara perplejo ante tanta inmensidad. Se preguntaba una y otra vez cómo hacer para cruzar ese gran río. ¿De qué forma cruzar? Nunca pudo cruzar ese gran río, a pesar de haber escuchado una serie de relatos fantásticos de que del “otro lado” había más ganado, mejores pasturas, bosques y otros indios, o tal vez los mismos pero con otro nombre.

Fueron los hijos de los hijos de Juan Sábado Arandú que, siguiendo la misma intuición de sus antepasados, pudieron cruzar “al otro lado”. Fue por medio de un barco de bandera portuguesa que lograron llegar a Colonia del Sacramento. Sus nombres perdieron la influencia indígena y pasaron a ser: Juan Rodríguez, Juan Saverio Rodríguez, Juan Artemio Rodríguez, entre otros. Algunos cruzaron y no volvieron. Otros cruzaron y volvieron y otros, nunca cruzaron al misterioso “otro lado”. Cabalgaron como sus antepasados indios y castellanos, criaron ganado y acompañaron a la gauchada comandada por aquel hombre de la tierra tan parecido a Güemes, José Gervasio Artigas, el Primer Federal, el jefe del cuartel de blandengues, el de la Federación de Hombres Libres como el viento.

Eran momentos de la construcción de una nueva patria, que finalmente uniera a todos los pueblos guaraníes, indio y gaucho, mameluco y caboclo, europeo y negro. Eran los tiempos de la “patria peregrinante” como decía Juan Zorrilla de San Martín en alusión al éxodo oriental, similar tal vez al éxodo jujeño y a tantos otros éxodos que marcaron la historia de los pueblos. Artigas desconfiaba que la Junta de Buenos Aires suscribiera un armisticio con Francisco Javier de Elío, jefe de las fuerzas españolas sitiadas en Montevideo. Por tal razón, el Primer Federal había ordenado una retirada de sus gauchos del sitio de Montevideo, los cuales respondieron ciegamente, tornándose una marcha lenta y penosa hacia el interior del país.

La noticia corría por todo el litoral. Algunos de los que habían quedado del otro lado, lograron cruzar por el río Uruguay e instalarse en la parte norte de la Banda Oriental con el fin de ponerse a disposición de Artigas para así luchar tanto contra españoles como contra portugueses. No importaba quiénes eran los contrincantes, lo importante era el ser libres como enseñaba Artigas a sus soldados. La idea consistía en unir al Paraguay con las provincias del litoral y el sur del Brasil para poner en jaque tanto a la corona española como a la portuguesa.

Luego vinieron independencias, las luchas entre Buenos Aires y el interior, intromisiones porteñas y del Brasil en la Banda Oriental; luego se sitiaron ciudades como la de Paysandú, que fuera preámbulo de la Gran Guerra o la Guerra del Paraguay con todos sus muertos y mutilados. Sin embargo, el deseo de los hijos de los hijos de Juan Sábado Arandú para saber qué había del otro lado de la orilla del gran río marrón no cejó en lo más mínimo, ni de un lado ni de otro.

Lo cierto es que la ilusión de aquel Juan y sus descendientes con el “otro lado” siempre estuvo viva en el Río de la Plata, quizás por ello es que muchas veces se han querido construir puentes tanto físicos como culturales. El fantasma de Artigas recorrió todo el litoral, tanto al este como al oeste del río Uruguay. La referida mística, acompañó a esos caminantes del primer éxodo de los pueblos orientales que entonces llamaban “peludos” porque trabajaban la caña encorvados al punto tal que quedaban negros de cortar la caña quemada. Sólo podía verse en estos hombres una mirada inquieta y furtiva, inmensa como el “mar dulce” y altiva como los hijos de aquel Juan que también eran hijos de Artigas y de Güemes. Hablaban una suerte de “portuñol” ya que estaban preparados para trabajar en las distintas zafras de la región, inclusive para cruzar a “otros lados”, como el actual territorio brasileño de Río Grande do Sul, también escenario emancipador con su revolución farroupilha. Una sola patria con varias fronteras, sin pasaporte, de a caballo y con ganas de trabajar la tierra. También los inmigrantes, principalmente europeos, vinieron a compartir ese sueño colectivo.

Después ensombrecieron los golpes de estado y como contrapartida, las luchas por los derechos del trabajador, las revoluciones y más tarde la república que nunca se perdió, al menos en la ilusión de Juan.

Otro Juan había venido de la ciudad de Mercedes, capital del Departamento de Soriano, a vengar la muerte del ex presidente Iriarte Borda perteneciente al partido colorado, alrededor de los años 1897, en el fragor de las luchas entre miembros del partido colorado y blanco. Ese Juan Sábado Arandú, estuvo haciendo guardia toda una noche en frente del café del Globo en Montevideo. Cuando Avelino Arredondo, el autor del magnicidio, salió de ese café, trató de matarlo con un arma blanca gritando a los cuatro vientos: “Así que tú tampoco le tenés miedo al gauchaje de Aparicio Saravia”, aunque no se sabe a ciencia cierta si lo terminó de matar. En tal sentido, Jorge Luis Borges en su cuento “Avelino Arredondo” nos relata que el hecho culminó con el asesinato del presidente Idiarte Borda, al menos el autor pudo soñar que las cosas así ocurrieron. Pero en realidad se olvidó de soñar la venganza, que estamos describiendo en este momento.

Ya en pleno siglo XXI, un chozno de aquel Juan mezcla de criollo e indio quiso construir una línea férrea que uniera la Argentina con el Uruguay para conectarla con el Brasil y el Paraguay pero nunca le aprobaron el proyecto.

Cuentan además, algunos antiguos pobladores del interior uruguayo, oriundos de la ciudad de Rivera, que otro tartaranieto de Juan participó de un nuevo “Grito de Asencio” para declararle la guerra al atraso, la ignorancia y la pobreza. Iban a cruzar el Uruguay a caballo, para luego seguir hasta la Cordillera de los Andes.

Será que el hombre en general siempre está pensando en un “otro lado”, una forma de cruzar hacia el futuro, una manera de lograr o de intentar lograr sus sueños, con la intención de construir un gran país desde el espíritu de Artigas, grande, universal, inclusivo, sereno y bravío al mismo tiempo, de una cultura compartida, de un espacio real de integración regional, federal y descentralizado, como la ilusión de Juan Sábado Arandú.

ALEJANDRO F. DELLA SALA

BUENOS AIRES, Noviembre de 2010.